10th
NOV
La vida es un escenario
Escrito por Francis Jimenez en Concepción, Tu vecino
Desde el 10 al 18 de octubre el arte escénico tuvo su XVI Festival de Teatro Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), donde 18 grupos de la zona, que han dedicado su tiempo libre al teatro, tuvieron la oportunidad de lucirse y entregar todo de sí al correr el telón.
Luces de colores que se prenden y apagan al son de los requerimientos de cada grupo y escena. Asistentes que se gastan las manos aplaudiendo. Actores con excelentes trajes y maquillaje. De todo hubo en la semana de los teatreros locales.
En el mundo del teatro no hay como esos preparativos los nervios del estreno, las carreras de ahí para acá de los actores, los asentimientos entre los encargados de luces y sonido, los ojos de todos que brillan al pensar lo rápido que ha pasado el tiempo.
-Y ya estamos aquí- reflexiona Daniela Fuentes, de Teatro Fidelius, con temblorosa y emocionada voz.
Mientras que “sigo sin creer que ha llegado el día” es una frase que muchos repiten en distintos rincones de la sala.
Una hora antes de la función los artistas se dirigen a los camarines para maquillarse, ponerse los trajes y arreglar sus cabellos. Las mariposas emprenden vuelo en el estomago, las caras y ojitos de cómplices entre los suyos “no te preocupes, todo saldrá bien”.
La calma entre los artistas reina hasta que los primeros testigos de su próximo movimiento llegan. El público, las voces de desconocidos, y conversaciones que en los oídos de los debutantes poseen un sonido similar a la voz de la maestra de Charlie Brown.
Alguien golpea la puerta. Los payasitos de turno ingresan al camarín repleto para pedir los nombres de los integrantes del elenco. Una joven reacciona y sus nervios se reflejan en la letra casi ilegible del papel, cada vez menos estirado producto de los empujones de actores maquillados que dictan la nómina. La puerta se vuelve a abrir, en esta ocasión para retirar el acta teatrera.
Falta poco.
-Ya chicos, ¿listos? Vamos a empezar – advierte Julio Muñoz, director de Compañía de teatro El Rostro y maestro de ceremonias del certamen.
-¡¡Noooo!! – los teatreros han comprendido el mensaje
El primer grupo de la jornada se toma de las manos. Cierran los ojos. Las luces del Aula Magna se apagan.
El camarín, en un abrir y cerrar de ojos, diminuyó su población para sólo quedar unas actrices que faltan por peinar. El resto se encuentra en la planta alta admirando el desempeño de sus colegas. Una amiga del staff se ofrece para hermosear el cabello de una loca con pelo largo, ¿el precio?: sólo escuchar el desempeño de quienes están en el escenario.
-Aunque no lo creas me encanta hacer esto – recalca muy entusiasmada Daniela Espinoza, mientras cepilla el cabello de su modelo– me trae recuerdos de la infancia cuando tenía que arreglar bailarinas.
Los payasos salen, realizan su rutina presentan a los jóvenes actores. El auditorio espera los nombres con un suspenso parecido de cuando se recitan los números del sorteo de Kino y aplauden cuando el nombre les suena familiar, por lo mismo, no es difícil reconocer a los parientes del elenco.
Risas, más risas en los testigos de la actuación. Seguridad y orgullo en las voces de los protagonistas de cada escena.
Primera obra éxito total. Muchachas y muchachos llegan abrazados con caras donde se puede leer “nos salió bastante bien”. Afuera, los aplausos de agradecimiento se van retirando, de a poco, de las butacas para dar espacio a los preparativos de la última presentación de día.
-¿Cómo estamos? Mierda, mierda para todos ustedes – las palabras de Julio Muñoz envueltas de confianza y aliento para los próximos.
Presión en los corazones, suspiros y miradas de complacencia, sonrisas nerviosas en el camarín. Los que ya se presentaron estrechan las manos y brindan abrazos que rebalsan las emociones de ya haber pisado ese escenario iluminado. Estos se marchan para acomodarse en sus asientos, el show va a comenzar.
El ritual se repite. Tomados de las manos, mientras las luces disminuyen su intensidad.
-Es una tradición para nosotros rezar antes de actuar, quizás no muchos son creyentes, pero es necesario – le cuenta en voz baja Belén Brown a sus secuaces artistas.
Todos asienten y siguen las recomendaciones.
-Sólo quiero que sepan que me siento muy orgullosa de ustedes, todos hemos crecido y aprendido en estos meses trabajando juntos. Por favor, disfruten la experiencia, jueguen – continúa con ojos alegres.
Espontáneamente, luego de estas palabras pusieron sus manos en el centro del circulo que habían formado, los ojitos nerviosos parpadeaban en señal de aprobación y confianza en los demás… Pronuncian las palabras mágicas antes de cada función y se disponen a esperar su turno, el momento de mostrar aquello por lo que tanto lucharon y ensayaron.
El camino entre los vestuarios y el espectáculo es más corto de lo que se puede imaginar, sólo unos centímetros bastan para que en posición de ataque el personaje espere el momento para interactuar con los demás.
Una vez en el centro de atención de la sala, las luces son cálidas y acogedoras, hacen extremada mente fácil distinguir a las personas del público que utilizan lentes, ya que reflejan el destello en sus cristales.
Las palabras aprendidas con anterioridad saltan espontáneas de los labios que fluyen al compás de ese tierno abrazo de la magia del teatro.
Después de tanto esperar, las obras se hacen tan cortas para los protagonistas que cuando reaccionan ya están dando una referencia de agradecimiento ante el público conmocionado. Las luces se prenden los actores y el público son uno gracias al aplauso reciproco. El papel interpretado se ha escondido para aparecer en el futuro cuando sea requerido en otro lugar, en otro escenario ante otra multitud.
Se cierra el telón.
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Noviembre 10, 2009 -
Concepción, Tu vecino -
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Wow lo mejor salimos
nuestra obra Como Pecas Limpias
fue un gran momento
y un gran elenco dejar bien
en alto la parroquia franciscana de
la que venimos